¿Hay aquí un grupo scout?
11 enero 2010
Una tarde de invierno, un paseo a orillas del río, una historia que cambiaría inexorablemente mi vida.
<<Hace un par de años dije unas palabras de memoria “Yo prometo por mi honor…” lo dije sin saber en realidad el verdadero significado de ello. Con el tiempo me di cuenta que el compromiso que había asumido no era ni más ni menos que dar lo mejor de mí, para que cada día sea distinto, para que cada momento sea una nueva oportunidad para demostrar que ayudar merece la pena. >> La sinceridad de sus palabras captaron mi atención, la calma de su relato me invitaba a ansiar su continuación.
<< Recuerdo el día que observamos como dos ancianos intentaban muy pacientemente bajar tres escalones de su precario hogar, un pie mal colocado, una visión distorsionada o sencillamente poca fortuna podían acarrearles una quebradura de cadera o simplemente un mal trago; nos dirigimos hacía ellos y aportamos nuestro granito de arena. La hazaña tuvo buen puerto pero no dejábamos de darle vueltas y creer que un día cualquiera podían fallar. En ese momento caímos en la cuenta que una sencilla rampa podría solucionar el problema, prometimos ayudarlos pero cómo, quién con 12 años tiene los medios para realizar una rampa económica, firme y duradera. Recuerdo tu preocupación, recorriste empresas de construcción intentando que te donaran materiales con los que pudieras hacer una rampa, no sabías como hacerla, pero tu instinto te llevaba a intentarlo, podía salir bien, podía salir mal, pero cumplirías tu palabra. Tu vecino, albañil de profesión, cedió a tu pedido, construyo esa rampa mientras que vos a cambio paseaste a su perro durante un mes. Tu alegría el día en que la obra estaba terminada no se transmitía en tu sonrisa sino en la calidez de tu mirada. Cumpliste tu palabra, eras digno de confianza. Te hiciste responsable de tus actos y pensamientos. Te solidarizaste con quien lo necesitaba. Sin pensarlo estrictamente aportaste a la construcción de un mundo mejor. Ese día hace cinco años, advertí que sin querer ibas adoptando un estilo de vida que no es otro que dejar el mundo mejor de cómo lo has encontrado siendo feliz haciendo feliz a los demás>>.
Me encontraba conmovida, recordaba aquel momento como si fuera ayer, lo mire con lágrimas en los ojos.
Metió su mano en la mochila, saco una especie de pañuelo, le dio unas cuantas vueltas, lo acomodo en mi cuello y para evitar que se cayese lo sujetó con un pasador que no tenia otra cosa que la pureza del blanco y el azul del cielo; en medio una flor de lis.
<<No importa que tan lejos estemos, ni las adversidades que se nos presenten, no importan los años sin vernos, la distancia que nos separe, es mas valioso el cielo que une. Me gustaría que cuando regreses a España busques un grupo scout y pruebes, a lo mejor te guste, a lo mejor no, pero como ese día todo esta en intentarlo>>.
Así fue como un 14 de septiembre me acerque a la parroquia y realice la ya famosa pregunta “¿Hay aquí un grupo scout?”, esa que agradezco haber pronunciado, esa que sin querer me abrió las puertas al mundo que siempre busque.
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Q lindo relato!!! Euge me encanta como escribis!!!