Anulación

23 mayo 2010

Cuando no eres más que un simple espectador con la necesidad de convertirte en protagonista; cuando ves rondar el sufrimiento de la mano de la injusticia protegidos por el silencio y el afán de anulación. La impotencia te hierve la sangre, deseas actuar y no sabes cómo. Deseas gritar y no puedes hacerlo.

Cuando no sabes la cantidad de situaciones que te pueden tocar vivir desde una caja de supermercado. Crease o no, hoy fue un día peculiar, en el que me he llegado a cuestionar si los  2.440 millones de euros del presupuesto en educación son suficientes o por el contrario son meramente inútiles, porque el respeto, la honra y el perdón no se aprenden sino de con quien convivimos cada día.

Una mujer con su compra en un cesta se acerco cautelosamente a la caja número 15, os la describo, metro setenta, tes blanca, cabello castaño…no, esa descripción no os hace imaginar nada, aquí va una más certera. Ojos tristes, mirada perdida, manos temblorosas, amable, dispuesta a colaborar en la colocación de la compra.

Intuí que no era feliz.

La primavera se hace presente estos últimos días con mayor regularidad, ello me permitió observar sus brazos, dos moretones prácticamente iguales en ambos brazos, el primero a la altura de la muñeca, el segundo en el húmero; como quien hace presión sobre ellos sin obtener resistencia pero con firmeza. Uno en el ojo, escondido tras unas gafas enmendadas con celo.

No quería preenjuiciar mis pensamientos, no pretendía ni mucho menos creer que aquella mujer sufre violencia de género. Pase toda su compra, le desee buen día y ella, cordialmente me agradeció con una sonrisa, que por su brevedad, no debe ejercitar a menudo.

Antes de retirarse, miraba desesperadamente hacía adentro del hipermercado, cómo quien busca encontrar rápidamente a un ser que pueda traerle problemas más tarde.

Una niña de no más de cinco otoños, se dirigía desafiante hace donde de encontraba nuestra protagonista, con tono firme y descortés se dirigió a ella con la siguiente frase “¿Donde te habías metido listilla? Avisa donde vas, tengo que saber donde vas eh lista!” Mis oídos no daban credibilidad a aquello, la insolencia del comentario, la respuesta de la madre se limito a una simple bajada de cabeza y la mirada al suelo.

Por momentos quería increpar a la pequeña, más tarde avivar a la madre, finalmente comprendí que esas palabras no son propias de un retoño tan pequeño, aquello sin lugar a duda provenía de un mayor, los chicos ven, los chicos hacen.

Abandonaron el centro comercial, y yo impresionada me sentí completamente embargada por la impotencia de no haber sabido cómo actuar, de ver que la anulación se pasea por calles y la verdad, la realidad no es tan sencilla de aclarar.

Tres horas mas tarde, metí el uniforme en la taquilla, gire la llave y caí en la cuenta de que la verdad no mancha los labios de quien la dice, sino la conciencia de quien la oculta.

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